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Otro de los exponentes del torneo es el norteamericano Frances Tiafoe. El tenista afroamericano que proviene de una familia con una historia de vida salida de Hollywood. En primer lugar, porque sus padres bien pudieron ser protagonistas del filme “Diamantes de sangre” ya que ellos, lejos de ser Di Caprio, han sido esclavos en las minas. Debían buscar horas y horas (y meses y meses), hacinados y hambrientos hasta dar con esa piedra preciosa que se usaba para financiar la guerra o para ser vendidas a empresas transnacionales.

Y huyeron de la guerra civil de Sierra Leona y se radicaron en la costa este del Estado de Maryland. Frances Senior, el papá del tenista entró como obrero en las obras de construcción de las instalaciones de un club de alto rendimiento de la localidad de College Park. Y, ha trabajado tan duro que, en agradecimiento, los mismísimos propietarios le permitieron a la familia Tiafoe que se alojara en el propio club.

Si bien la casa destinada disponía de 50 metros cuadrados, resultaba suficiente  para que Frances júnior y su hermano gemelo Franklin pudieran crecer en un entorno seguro y bajo techo, mientras que el padre trabajaba de noche arreglando las canchas.

Y ahora aparece la segunda de la saga: “Hombres de honor”. Porque no solo le dieron techo a la familia Tiafoe, también comida e incluso les pagaban las entradas de los torneos a los pequeños. A los seis años le confesó a su entrenador Misha Kouznetsov que quería ser el mejor de su país.

Con 15 años ganó nada más y nada menos que el Orange Bowl. Y llamó la atención de un tal Patrick McEnroe, director general de desarrollo de la USTA quien lo elogió: “Es sin duda el verdadero elegido. Posee todas las herramientas y un sentido del juego completo”.

Dos años después ganaría su primer partido a nivel ATP en Winston-Salem. En el ’17 llevó al Gran Roger al quinto set del US Open. Y el año pasado obtuvo su primer título de ATP, en Delray Beach.

Y en este incipiente 2019 jugará por las canchas de Acapulco. Todo un lujo. Parece una película. Pero no lo es. Porque la memoria de la sangre derramada seguirá circulando por las venas del joven Frances.

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