Sus lágrimas recorrieron el mundo cuando Ilie Nastase,  ex número uno y en ese entonces capitán del equipo de tenis de su país,  la insultó en una eliminatoria de la Fed Cup entre Rumania y Gran Bretaña. La violencia recibida  la dejó llorando soportando una crisis nerviosa por casi media hora antes que el partido se reanudara. Se encontraba disputando un match contra la local Sorana Cirstea. Luego aquel sería expulsado.

Se trata de Johanna Konta. Nacida en Sídney hace veintisiete años, de padres húngaros, se convirtió en ciudadana británica en mayo de 2012 y, desde esa fecha, representa a Gran Bretaña. Alterna su residencia en España porque allí vive su entrenador Esteban Carril.

Entre sus triunfos más resonantes se encuentran dos contra Muguruza (uno por el US Open), Halep (en Wuhan), Petkovic, Makárova y Wozniacki. Pero,  en 2016, derrota a Venus Williams  ya Shuai Zhang y  alcanza las semifinales del Abierto de Australia en la que hasta ese momento fue su mejor actuación en grandes torneos (perdió con Kerber). Al año siguiente alcanzaría la misma instancia en el All England.

Es la gran esperanza del tenis británico. Porque ya se cumplieron más de cuatro décadas del último título de una jugadora local en Wimbledon (Virginia Wade alzó la Venus Rosewater Dish en el ’77).

Ostenta tres títulos en el circuito y tres finales. Y llegó a alcanzar el puesto N°7 del ranking de la WTA.

Dice que juega porque quiere ser parte de la historia pero que prioriza su salud y la de su familia.

Una vida interesante por donde se la mire. Otra excusa para  acercarse al torneo.

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