Un invitado de lujo. Mientras las tres primeras raquetas del Emirates Ranking ATP habían cumplido (Novak Djokovic, Andy Murray y Roger Federer) y ya esperaban en las semifinales del Abierto de Australia, aún quedaba un sitio libre para alguno de los dos nombres propios de esta edición, los de Milos Raonic y Gael Monfils. Pero sería el canadiense el que se ganaría por derecho propio su billete para pelear por la final del primer Grand Slam de la temporada, después de superar al francés por 6-3, 3-6, 6-3, 6-4 en dos horas y 16 minutos.

Tras deshacerse en los octavos de final del cuarto cabeza de serie y campeón en 2014, Stan Wawrinka, el norteamericano portaba el cartel de favorito. Y no falló para colarse en las segundas semifinales en un Grand Slam en su carrera (antes también lo había conseguido en Wimbledon 2014), las primeras en Melbourne.

Desde el juego inicial, el número 14 del mundo mostró sus cartas: acortar al máximo los puntos, firmar el mayor número posible de puntos gratis con su servicio y finalizar en la red siempre que fuese posible. Dos aces sirvieron para abrir el encuentro y en prácticamente un minuto y medio ya había cerrado el primer juego. Una declaración de intenciones.

Monfils apenas encontraba ritmo con los pocos intercambios largos que se producían. La calidad de su rival en el servicio le impedía hacerle daño al resto (terminó el primer set sin encontrar una sola bola de break). No obstante, sería el propio Raonic en el cuarto juego el que fabricó su primera oportunidad para quebrar al galo y no la dejó escapar. Una doble falta y un largo intercambio en el que el canadiense castigó la zona del revés de Gael sirvió para escaparse (3-1).

Aquel break sería definitivo a la larga. El discípulo de Carlos Moyá conservó su nivel de intensidad y agresividad (16 winners/ 12 errores no forzados), además de animarse a acercarse a la red en 13 ocasiones, con un 62% de éxito. A pesar de que el francés se resistió a entregar la manga, salvando tres ‘set balls’, Raonic abrochó el parcial por 6-3.

En el segundo parcial, Monfils aprovechó el único momento de fragilidad del canadiense con su servicio en el sexto juego para firmar su primer break del encuentro (2-4). Raonic redujo su porcentaje de seguridad con el segundo saque (pasó de un 64% en la primera manga a un 50%) y apenas encontró su derecha para conectar golpes ganadores (se quedó exclusivamente en 4 winners). El francés resolvió el set 3-6 con 12 ganadores y sólo 4 errores no forzados.

La debilidad del jugador nacido en Podgorica hace 25 años sólo fue un espejismo. En 12 minutos, en la tercera manga, recondujo la situación, recuperó sus señas de identidad en el servicio y volvió a hacerse grande en la red para escaparse 3-0. El guión fue idéntico al del set inicial (mismo resultado, 6-3, y tiempo, 35 minutos). Un break bastó para que Milos encauzara el parcial, aunque esta vez elevó su porcentaje de éxito con el primer servicio hasta un 88% y conectó 17 winners.

A las dos horas de partido llegó la primera oportunidad de break del cuarto set para Raonic, que finiquitó en la red con una volea perfecta (3-2). El número 25 siguió peleando y buscando alguna opción para reengancharse al encuentro. Y la tuvo en el octavo juego. Amenazó el servicio del canadiense, que demostró que desde el fondo también tiene argumentos para discutir su superioridad. Milos resolvió el servicio y puso la directa hacia semifinales (5-3). Con una puesta en escena impecable con su saque cerró el choque (6-4).

En la lucha por la final del Abierto de Australia, Raonic se enfrentará a Andy Murray, un jugador ante el que presenta un FedEx ATP Head2Head igualado en seis partidos, con tres victorias para cada uno. Eso sí, las últimas dos ocasiones en las que se han enfrentado, el triunfo fue para el escocés.

ATP

Imágen: Getty images

 

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