Llevar la etiqueta de campeona olímpica no es sencillo. La conquista de un título que sólo está en juego cada cuatro años puede cambiar el día a día de cualquiera. Y Mónica Puig lo sabe muy bien. Después de ganar el oro en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016, su  vida dio un giro de 180 grados. La puertorriqueña enfrentó de pronto presiones a las que no estaba acostumbrada, pero que debió sobrellevar para no levantar los pies de la tierra.

“Fue una transición bastante difícil en mi vida, no sabía cómo manejar las presiones que vinieron con la medalla y cosas así, ahora me siento en un buen momento, estoy trabajando muy fuerte y estoy lista para seguir compitiendo y dando lo mejor de mí”, explica la boricua. La manera que Mónica encontró de manejar esa presión fue simplemente aceptar lo que estaba pasando.

“Admití que era un cambio bastante drástico, mi equipo y yo aprendimos de ese momento lo que hicimos bien y lo que estuvo mal y ahora vamos a tratar de mantener esa línea, de seguir como estuve en Doha y Dubai, que fueron bastante buenos torneos”.

En Doha, Puig alcanzó la ronda de semifinales, en la que cayó ante la danesa Caroline Wozniacki, mientras que en Dubai perdió en tercera ronda ante Angelique Kerber.

Su mejor resultado hasta ahora, además del oro olímpico es el título del torneo de Estrasburgo; además fue finalista en Sydney el año pasado. Ahora se presenta en Acapulco, un certamen en el que es bien recibida y en el que en 2015 se metió en la ronda de las ocho mejores, mientras que el año pasado tropezó en la segunda fase.

Mónica viene dispuesta a obtener éxito, una palabra que para ella tiene un significado especial. “Para mí el éxito es entrar a la cancha sabiendo que estoy dando lo mejor de mí, no tanto el resultado, sino ir a la cancha y si hago lo que tengo que hacer voy a ser exitosa, porque a final de cuentas seguiré mejorando como jugadora y en cualquier momento las cosas van a hacer clic e irán saliendo de manera automática”.

La de Puig ha sido una vida de aprendizajes, pero quizá la lección más importante se resume a una sola cuestión: tener paciencia. “He entendido que debo ser paciente, que en cualquier momento va a salir algo bueno, saber que no necesariamente vas a ganar todos los partidos, que no necesariamente vas a ser la mejor del mundo, pero si tienes la paciencia contigo misma de saber que estás trabajando día a día para cumplir tus metas, eso por lo menos a mí me ha dado mucha tranquilidad”.

Por eso la serenidad es una cualidad que la medallista valora mucho, “me gusta la gente paciente, que sabe cómo divertirse, cómo manejar el estrés de la vida; no hay nada mejor que una persona sonriente, que transmite felicidad, quizá alguien que en un momento está deprimido si ve a alguien sonriente se levanta y eso es importante”.

La jugadora ahora disfruta su momento y sólo se plantea una misión, “espero ser un ejemplo e inspiración para la juventud y dejar claro que si trabajas fuerte día a día puedes cumplir lo que deseas en la vida”.

Mónica alista su debut en este puerto ante la italiana Francesca Schiavone, campeona en el Abierto de Francia en 2010, y espera dejar la piel en la cancha para anotarse un nuevo éxito en su carrera, arropada por el público mexicano.

 

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