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David Ferrer, el tenista que marcó una época en México

 Hablar de David Ferrer en México es hablar del cuatro veces campeón del Abierto Mexicano de Tenis en la modalidad de singles. Un español que sin duda se robó el corazón, los aplausos y sobre todo la atención de todos los aficionados al tenis en nuestro país, pero también se llevó el torneo en dobles, es toda una una figura en Acapulco. Para ejemplificar esto, Ferrer se convirtió en campeón en México en los 2010, 2011, 2012 y 2015, mientras en la modalidad de dobles alzó el trofeo junto con su compatriota Santiago Ventura en el 2005.
 La carrera del nacido en Javea, España no ha sido fácil. Para permanecer por 7 años consecutivos dentro de los 10 mejores tenistas del mundo de la ATP, Ferrer tuvo que iniciar a practicar tenis a sus 7 años. Debutó como profesional en el año 2000 cuando apenas tenía 20 años y rápidamente demostró sus cualidades ganando F1 de Polonia y F3 de España, lo cual lo colocó en el número 419 dentro del ranking mundial.
En tan solo 2 años de 2002-2004, se logró colar dentro de los mejores 50 del mundo. Esto lo hizo después de ganar el ATP de Bucarest, además de conseguir tres títulos Challenger. Sus resultados lo llevaron a debutar en los cuatro torneos de Grand Slam y en seis ATP Masters Series. Pero la gran sorpresa se dio cuando disputaba el Masters de Roma, pues en primera ronda venció al campeón defensor André Agassi.
Toda una seguidilla de resultados positivos lo llevaron a colocarse en 2005 entre los 8 mejores de Roland Garros, en donde al final fue eliminado por otro español, Rafael Nadal, quien finalmente se coronaria. Lo mejor estaba por venir, pues unos meses después consiguió llegar a la semifinales del US Open. Para 2008 dio un paso importante y se convirtió en el número 2 de España, solo por detrás de Nadal.
A partir de 2010 se encargó de conquistar México con jugadas increíbles, dejando a sus rivales y demostrando porque estaba dentro del Top 10 de la ATP. Pero en México también demostró ser de los mejores de su país, en cada una de las finales que ganó se enfrentó a sus compatriotas, hasta que llegó aquel 2013, en donde Rafael Nadal le quitó el trono y la posibilidad de ganar 4 finales seguidas.
David se apagó por un momento, pensábamos que su final estaba cerca, hasta que en 2017 volvió a levantar un título después de 636 días sin suerte. El escenario fue el torneo de Bastad en Suecia, ahí consiguió alzar su título número 27, después de 17 años de carrera deportiva. El español nos enseñó que cuando parece estar acabado se puede reinventar y ser la mejor versión de él mismo. 
Aunque parece estar lejos de su mejor versión, cuando alcanzó el lugar número 3 dentro del ranking de la ATP en 2013, David Ferrer nos puede sorprender, y entonces mostrarnos la mejor versión de un tenista que marcó una época en el tenis mexicano.

 

Andy Murray y el arte de perseverar para llegar a la grandeza

El tenis mundial ha estado liderado por cuatro hombres en los últimos 15 años: Roger Federer, Rafael Nadal, Novak Djokovic y Andy Murray. Conocidos como el Big Four. Sin embargo, dentro de este sinfónico cuarteto, hay un jugador que pese a ser de los mejores en el orbe, el deporte tardó muchos años en recompensarlo como él quería.
Andy Murray logró escalar hasta el primer lugar de la ATP con 29 años encima, una edad poco habitual para hacerlo, pero que demuestra cuál ha sido el ingrediente principal en la carrera del escocés durante sus más de 10 años de profesionalismo: la perseverancia.
 Durante una década, Andy ha tenido que luchar con tres de los mejores tenistas de la época contemporánea y (probablemente) de la historia. Muchos podrían pensar esa coincidencia como una muy mala suerte, pero Murray se ha encargado de revertir esa situación, al punto de ponerse a la altura y ser considerado en ese grupo de élite.
Acostumbrado a ser visto como ese tenista que jugaba bien, pero era un gran perdedor (sus múltiples finales perdidas en torneos de Grand Slam son parte de su carta de presentación), Murray dio su primer golpe de autoridad en 2012, al ganar el US Open frente a Novak Djokovic, uno de sus eternos rivales.
El ascenso del británico continuó firme y en 2013 llegó uno de los momentos que mayor gloria ha vivido y con ello el reconocimiento y respeto de todo el Reino Unido. De nueva cuenta ante el serbio, Andy se convirtió en el primer jugador británico en conquistar Wimbledon después de 77 años, rompiendo con una larga maldición en el All England Club. 
En 2016 el momento cumbre de Braveheart por fin llegó. Si bien su historial frente a Djokovic, Nadal y Federer no era positivo, Murray, con su perseverancia como estandarte, nunca se dio por vencido y estuvo atento para aprovechar los momentos de mayor flaqueza de sus grandes rivales.
Los problemas físicos de Roger y Nadal, sumado a la gran baja de juego por parte de Djokovic, fue el momento perfecto para que Andy se hiciera con 5 torneos de gran relevancia (considerando Grand Slams y Masters 1000), incluido su segundo Wimbledon y el ATP World Finals, y por fin alcanzar el primer lugar en el ranking.
Fueron 12 años de espera, y ocho desde que estuvo por primera vez en el segundo puesto, para que Murray alcanzara la plenitud como tenista. Fue más de una década de lucha, caídas, renaceres, pero a finales de 2016 el escocés tuvo el placer de verse como el mejor de todos y ser considerado el rival a vencer. No el gran perdedor.
Andy no tiene la cantidad de Grand Slams que otros tenistas, incluidos sus contemporáneos. En su vitrina “apenas” relucen tres grandes (dos Wimbledon y un US Open), pero es ese mismo número el que también lo hace grande, porque dentro de una era dominada por una tercia, el británico se encargó de arrancarles un gran pedazo de ese pastel, se ha superado y, sobre todo, ha sido capaz de mirarlos de frente.
Por eso su nombre es parte de ese Big Four que ha acaparado el tenis y que en la actualidad se mantiene como su líder, pues el número uno sigue en sus manos.

Althea Gibson, la número uno de Estados Unidos

El tenis o en general los deportes de raqueta son muy populares en los Estados Unidos, parece que en la actualidad es cuando vivimos su mejor momento, pero basta con retroceder algunas décadas, para encontrar algunas historias maravillosas del deporte blanco. Una mujer que dejó un legado en Norteamérica es Althea Gibson, simplemente la primera mujer que rompió las barreras raciales y conquistó el corazón de muchos con su increíble juego.

Mientras sus padres Daniel y Annie Bell Gibson trabajaban en un finca algodonera, Althea pasaba horas entrenando padel de una forma poco ortodoxa antes las precariedades de la familia, con el tiempo se adaptó al tenis y consiguió ser campeona de Nueva York a los 12 años de edad.

La historia cuenta que ante el gran talento de Althea, el barrio donde vivía decidió hacer una colecta para que la menor pudiese asistir a una academia de tenis. En 1941 lo lograron, tres años después, en 1944 y después en 1945 ganó los campeonatos nacionales de su categoría y en 1947 ganó el campeonato americano absoluto. Su crecimiento fue rápido, a tal grado que muchas personas se comenzaron a fijar en ella.

El paso más grande que dio dentro de su carrera profesional dentro del tenis, fue cuando Walter Johnson se fijó en ella, logró federarla e inscribir en Florida Agricultural and Mechanical University. Su talento era nato, en ese momento no había mujer que jugara mejor que ella, simplemente era la próxima gran estrella de su país, pero había un problema: su tono de piel.

Soportó los insultos racistas y hasta 1950 se convirtió en la primera afroamericana (de cualquier sexo) que recibió una invitación para jugar el US Open, gracias, entre otras cosas, a una campaña promovida por la American Tennis Association. Aunque cayó en la segunda ronda, su nivel atrajo a medios de comunicación, preguntaban su nombre y se interesaron en ella.

Esto la llevó a dar una gira por Asia, en 1956 Althea Gibson rompió otra barrera, convirtiéndose en la primera jugadora de color en ganar un título de Grand Slam. Fue en París, y fue Roland Garros. Pero ahí no quedó todo, la gran noticia la dio un año después, cuando Gibson se convirtió en la primera jugadora negra en ganar Wimbledon, y en la primera que recibía el trofeo de manos de la reina Isabel II. Fue homenajeada y condecorada por la ciudad de Nueva York, un presagio, porque en esa ciudad, unos meses después, ganaría su primer US Open.

Se convirtió en la número uno del mundo, todos los medios de comunicación hablaban de ella, era sorprendente. Para que una mujer de color volviera a conseguir Wimbledon tuvieron que pasar 43 años. Aunque en ese entonces no se ganaba mucho dinero en el tenis, por ello combinaba sus actividades con la música, cantaba y tocaba el saxofón. Finalmente se hizo comentarista deportiva.

Tiempo después dejó el tenis y se dedicó al golf, aunque su color de piel le trajo problemas. Fue excluida de torneos y tenía que esconderse por miedo a los insultos. Su vida la terminó de forma trágica, se dedicó a ser entrenadora de tenis, en ese momento su salud se deterioró sufrió hemorragias cerebrales y un infarto. Finalmente falleció en 2004 a causa de una infección respiratoria y otra en la vejiga.

Caroline Wozniacki, una joya que brilló muy temprano

Parece ausente pero ahí está. Sin mucho ruido, Caroline Wozniacki se mantiene en la élite del tenis y sigue siendo una de las jugadoras estelares del circuito de la WTA y con 26 años aún tiene mucho tiempo para volver a la cima mundial.

Nacida en 1990, la danesa irrumpió en el deporte blanco a temprana edad y pisando fuerte, al punto de que a los 18 años ya había alzado su primer trofeo dentro de la WTA, cuando se coronó en New Haven (lo hizo en cuatro ocasiones consecutivas). Y a los 19 firmó su primera final en un Grand Slam (US Open).

Sin embargo, el verdadero despertar de Caroline se dio en el 2010, con 20 primaveras encima y aún siendo muy joven. En aquel año, Wozniacki firmaría una de sus mejores temporadas en su corta carrera, al conquistar seis torneos, tres de ellos de gran importancia: Pekín, correspondiente a los Premier Mandatory Tournaments, Montreal y Tokio, ambos de Premier 5.  

Su gran accionar en esos 12 meses le permitieron llegar a la cima del ranking mundial en el mes de octubre y terminar diciembre como la mejor del mundo. Sin embargo, el reto más complicado apenas iniciaba para la danesa, quien tenía el compromiso de demostrar que su buen año no fue casualidad. Y así lo hizo.

Para 2011, Caroline siguió con el mismo ritmo ganador que tuvo meses antes e incluso igualó su registro de torneos ganados, siendo Indian Wells el más importante de esa temporada, lo que le dio el honor de terminar liderando la WTA por segundo año consecutivo.

Dentro de sus grandes registros, a Wozniacki le hace falta el más importante: un Grand Slam. De los 12 años que lleva en el circuito, la ex número uno del mundo no ha podido alzar algún trofeo de los cuatro torneos más importantes del tenis, aunque se ha quedado muy cerca, al llegar a las finales del US Open en 2009 y 2014, más las semifinales en 2010, 2011 y 2016.

Si bien desde el 2012 sólo ha alzado 7 trofeos, Wozniacki se mantiene dentro de la élite del tenis y en 2017 ya alcanzó tres finales, aunque ninguna sin éxito, pero la probabilidad de que lo consiga muy alta, pues desde 2008 Caroline se ha llevado un trofeo (mínimo) por año.

La importancia de Wozniacki también se ve fuera de las canchas de tenis y para la última edición de la revista Body Issue, de ESPN, fue parte de los deportistas reconocidos para aparecer en sus páginas, lo que demuestra que sigue siendo parte importante del deporte en general.

Con 25 títulos en su carrera, Caroline parece que está ausente, pero en realidad siempre está. Aunque no haga mucho ruido.

Novak Djokovic y un reencuentro con él mismo para volver a ganar

Novak dio una vuelta total a su rutina diaria a finales del 2016, cuando en diciembre decidió separar su camino del de Boris Becker, el entrenador que lo llevó a tener su mejor nivel y a conquistar el tenis mundial. Ese fue el primer cambio después de seis en los que Djokovic había pasado momentos duros, como su eliminación temprana en Juegos Olímpicos. Sin embargo su apuesta no resulto.

A inicios de mayo de 2017, con apenas un título (Doha) tras su separación de Becker, “Nole” volvió a sacudir de manera importante a su equipo de trabajo al romper relación con su entrenadora, Marian Vajda, su preparador físico y su fisioterapeuta, luego de 10 años laborando juntos. Es decir, el serbio decidió estar solo.

Necesitaba ese cambio, sentía que necesitaba empezar algo nuevo. Me siento mejor que en los dos últimos meses a nivel emocional, y también en la pista. Es una buena señal”, comentó el ex número uno del mundo al medio español Marca, tras su caída en semifinales del Masters 1000 de Madrid, el cual había sido su mejor resultado después de su único campeonato en enero.

Para Roland Garros, Djokovic comenzó con la reestructuración que quería y sumó como su asesor al histórico Andre Agassi, que aunque no lo pudo llevar al campeonato, sirvió para fortalecer una relación que parece apenas va dando sus primeros frutos, pues el estadounidense acompañará al cuarto mejor del mundo en su aventura por Wimbledon para buscar el título

Además de Agassi, Novak también sumó a su nuevo equipo de trabajo a Mario Ancic, otro ex tenista, aunque por el momento sólo será para el Abierto celebrado en Londres, aunque el propio “Nole” no descarta una relación a futuro. “Tiene que estar en Londres por varios compromisos y va a aprovechar para estar conmigo. Habrá que ver si después pasamos a tener algo a largo plazo o no”, comentó el segundo sembrado en Wimbledon.

“Necesito tiempo y paciencia para volver a ganar como antes”, dijo “Nole” en la entrevista con el rotativo español, y parece que de a poco lo va consiguiendo.

Antes de presentarse a la Catedral del Tenis, el serbio jugó un torneo de hierba (Eastbourne) como preparativo, algo que nunca antes había hecho, y lo terminó ganando, demostrando que esa paciencia y la mejora de su nivel emocional puede ayudarlo a revertir un 2017 algo extraño para él, con sólo dos títulos, justo a la mitad de la temporada.

Sin embargo, la mejora del tenis de Djokovic no se sustenta únicamente en lo emocional o cambiar su equipo de trabajo, pues también ha decidido realizar ajustes en detalles un poco más específicos, como el de su raqueta, hecha a base de grafeno que permite tener un mejor manejo por la ligereza y ayuda a exponenciar la fuerza en los tiros.

Sería prematuro decir que Novak Djokovic está de regreso, pero sin duda Wimbledon será un buen parámetro para saber cómo se encuentra el serbio en la actualidad y qué le depara la segunda parte de la temporada, donde hace un año comenzó a caer de nivel. Ahora busca que sea diferente y a partir de este momento comenzar su despegue por retomar la cima del tenis, porque al final de todo, “Nole” es “Nole” y nunca se le puede descartar.

Yolanda Ramírez, la reina poblana del tenis mundial

México y el tenis es una relación que en la actualidad deja pocas alegrías para los aficionados mexicanos. El último gran destello lo dio Santiago González con su final de dobles en Roland Garros 2017, pero hay poco más que contar. Es decir, se vive de los recuerdos.

Si en la rama varonil se recuerda a Raúl Ramírez y Rafael Osuna como las viejas glorias del deporte blanco mexicano, Yolanda Ramírez dice presente para las mujeres. Originaria de Puebla, no se tiene duda de que Yola ha sido la mejor exponente del tenis femenil mexicano.

Ramírez inició con la raqueta cuando todavía era una niña y su primer gran ejemplo fue su hermana, de quien aprendió al verla jugar. Seguro en esos momentos Yolanda no se imaginaba, ni cerca, lo que llegaría a ser.

Junto a Rosa “La Pajarita” Reyes, Yola formó una de las duplas más importantes que se recuerden en México y su gran cúspide la alcanzaron en 1958, cuando conquistaron Roland Garros. Sin embargo, ese fue el primero de dos trofeos que Ramírez alzó ese año en la arcilla de Francia, pues también se coronó en dobles mixtos.

Wimbledon fue el otro Grand Slam preferido de Yola, ya que en tres años consecutivos (1957, 1958, 1959)  logró llegar a las semifinales en dobles, junto a su inseparable Rosa. Por desgracia, en todas las oportunidades tuvieron que conformarse con quedarse a un paso del partido decisivo.

Gracias a sus resultados en ambos torneos, la tenista poblana se ganó un lugar privilegiado en la historia, pues fue inducida al Salón de la Fama del Abierto francés y londinense, dejando claro que sus resultados en la cancha no fueron menores.

Sin embargo, Ramírez no sólo fue una excelente jugadora en modalidad de dobles, ya que también se dio el lujo de ser una gran tenista en solitario. Sus 29 campeonatos en singles la acompañan como respaldo.

La gran “deuda” que dejó Yola en su camino fue no conquistar un major en singles, aunque estuvo realmente cerca de hacerlo. En Roland Garros fue finalista en dos ocasiones (1960, 1961), mientras que en el Australian Open fue capaz de llegar a las semifinales en 1962. Aunque eso no desacredita, ni un poco, la gran carrera que realizó.

Ya retirada, Yola siguió dentro del deporte que la hizo una leyenda y formó a varios jugadores que también tuvieron éxito. Su aprendiz más adelantada fue Gigi Fernández,jugadora dominicana que logró conquistar cuatro grandes en su carrera.

Yolanda Ramírez tiene un lugar privilegiado en el tenis mundial, pero sus partidos, finales y títulos son más que recordados por los aficionados mexicanos, hoy carentes de grandes resultados dentro del deporte blanco. Es por eso que nadie duda de que Yola es la mejor de la historia azteca. Y así será por varios años más.  

Roger Federer no lo es todo para Wimbledon

 El torneo más antiguo y prestigioso del tenis está a pocos días de dar inicio. Wimbledon es la catedral del deporte blanco y no es un sobrenombre sin fundamentos, pues por sus canchas han pasado los mejores jugadores. El último con una historia digna de recuerdo es el suizo Roger Federer, quien ha hecho de este certamen su casa.
Considerado uno de los mejores tenistas sobre hierba que ha existido, Federer puede presumir haber levantado Wimbledon ya en siete ocasiones, con la oportunidad de levantar uno más en 2017, una situación no improbable considerando que en esa hierba el suizo se agranda, además de que no pasó por la temporada de tierra batida para concentrarse cien por ciento en esta etapa. Ganar el tercer Grand Slam del año es uno de sus objetivos principales.

Sin embargo, “Wimbly” no solo ha sido Roger y antes de él hubo muchos más que hicieron de ese césped su lugar predilecto. Sólo basta con recordar a quien antes de Su Majestad tenía la mayor cantidad de Grand Slams: Pete Sampras.

Sampras también tiene en su palmarés 7 coronas de Wimbledon, haciendo de este major el que más veces conquistó en su carrera. Es decir, en la hierba londinense Pete conquistó la mitad de todos los Grand Slams que obtuvo en su carrera, lo que demuestra la superioridad del estadounidense en su época.

Y antes de Sampras y Federer, tenemos que regresar la memoria para encontrarnos con Bjön Borg, que si bien es recordado como uno de los mejores tenistas en arcilla, el pasto tampoco lo desmerece. Y sus 5 campeonatos en Londres lo avalan. Es, junto a Roger, el que más veces de manera consecutiva alzó el trofeo. Su hazaña la consiguió de 1976 a 1980. 

Por su parte, aunque no ganó en tantas ocasiones como los mencionados anteriormente, tampoco podemos dejar de hablar de John McEnroe. En 1981, el tenista estadounidense dejó uno de los momentos memorables del torneo, después de increpar al juez de silla y gritarle su ya famoso “¡You cannot be serious!” (¡No puedes estar hablando en serio!) al marcarle mal.

John pudo ser expulsado de ese partido y del campeonato, pero le perdonaron la vida, lo cual terminó por beneficiarlo, pues ganó el torneo y fue quien le quitó su gran racha al sueco Borg.

Una nueva oportunidad se le presenta a Roger Federer para ser el máximo ganador de Wimbledon en solitario (empatado con Sampras y William Renshaw). Sus ocho coronas en el césped londinense lo llevarían a engrandecer más su legado, pero no queda duda de que pasarán los años y apellidos como los Borj, Sampras y McEnroe seguirán estando en la mente de aquellos que han disfrutado del torneo más antiguo del mundo, porque ellos hicieron su historia y en su momento también fueron los mejores.

 

Kei Nishikori, una historia de éxito nunca antes vista en Japón

Con 10 años de experiencia en el circuito de la ATP, Kei ya es un tenista maduro en el circuito. Su temprana irrupción a los 16 años le ayudó para mostrarse al mundo y, con el paso del tiempo, ser considerado el mejor tenista proveniente de tierras niponas.

Y es que pese a convivir en la misma era que los “Big Four”, Nishikori ha dejado muestras de su buen juego, incluso cuando los ha enfrentado. De hecho, su mejor resultado lo consiguió eliminando a Novak Djokovic de las semifinales del US Open 2014, lo que le permitió a Japón tener un representante en una final de Grand Slam por primera vez en toda su historia.

Después de ese juego, Djokovic aseguró que “su revés es muy sólido. Uno de los mejores reveses a dos manos desde toda la pista. Muy agresivo. Es muy rápido, así que devuelve muchas bolas”, dando detalles del por qué el nipón ha llegado tan lejos.

Sin embargo, esas no son las únicas cualidades de Nishikori. Su buen juego en el fondo de la pista y el gran movimiento de pies que tiene le permite ser un rival difícil de vencer, que cuando está en momentos dulces puede ser uno de los tenistas más peligrosos.

Aunque no ha podido conquistar ningún Grand Slam y torneo Masters 1000, Kei puede presumir tener un total de 11 títulos de la ATP, donde resaltan 6 en categoría 500 y los restantes en 250. Sin embargo, quizá su resultado más significativo para el japonés llegó fuera de un torneo organizado por la Asociación de Tenistas Profesionales. 

En 2016, los Juegos Olímpicos de Río recibieron a la delegación nipona que buscaría medallas para su país y entre tantos atletas se encontraba el tenista. Con un perfil bajo, se fue colando hasta las últimas instancias hasta tener como última parada la disputa por la medalla de bronce, la cual terminó adjudicándose después de derrotar a otro de los “Big Four”: Rafael Nadal.

Han pasado más de 10 años desde que Nishikori ganó su primer torneo como profesional (Future). Lo consiguió en 2006, en el México F18 celebrado en Mazatlán, Sinaloa, por lo que México seguro es un país significativo para él. 11 años después, el japonés puede presumir ser uno de los mejores tenistas del mundo, con su número 9 en el ranking mundial.

Con 27 años, a Kei todavía le restan varios años con un buen nivel en el mejor tenis mundial, si es que las lesiones se lo permiten, e incluso podría aspirar a ese cuarto puesto que alguna vez fue suyo o más.

Eso sí, gane más títulos o se quede en los que tiene hasta ahorita, hay una cosa que no cambiará para él: ser considerado el mejor tenista japonés de la historia. 

 

Roland Garros en busca de sus nuevos conquistadores

Preliminares, rondas de los 64, 32 y 16 mejores. Octavos, cuartos y semifinales. Todo eso tuvo que pasar en los últimos días para definir a los dos contendientes que disputarán la corona de Roland Garros en la rama varonil y femenil, ¿pero qué podemos esperar de estos dos juegos finales? ¿En qué momento llegan los protagonistas?

Comencemos por la primera final, la de mujeres. Una rotunda sorpresa contra una de las mejores del mundo. Jelena Ostapenko vs Simona Halep. Esa es la combinación.

Nacida en Letonia, un pequeño país al norte de Europa, Jelena no ha dejado de asombrar a todos en el Abierto de Francia. Con apenas 20 años, Ostapenko está mostrando una solidez emocional y gran juego en uno de los escenarios más importantes del tenis.

Con todo tipo de golpes en su repertorio, la letona sustenta su mejor arma en el drive, que es uno de los más fuertes, considerando a todos los jugadores que están participando. Para ponerlo en contexto, su tiro con derecha ha sido el cuarto más poderoso, incluso más sobresaliente que el de Andy Murray.

Además, Ostapenko se dio el lujo de eliminar en cuartos de final a Caroline Wozniacki viniendo de atrás de una forma contundente y asombrosa: 4-6, 6-2 y 6-2 fueron los parciales, donde la danesa prácticamente fue borrada por Jelena en el segundo y tercer set. Y en las semifinales se dio su propio regalo de cumpleaños al eliminar a Timea Bacsinszky.

¿Ganar tu primer torneo en la WTA y que sea Roland Garros? Bienvenido sea, debe ser la respuesta lógica de la joven letona. “No esperaba llegar tan lejos. El tenis no es un deporte muy popular en Letonia”, afirmó Jelena, quien seguramente pondrá frente a un televisor a ese pequeño país cuando dispute la final del Abierto de Francia.

Frente a la sorpresa letona estará una de las jugadoras más sólidas del circuito: Simona Halep, que tiene en la gran final el juego más importante de su vida y no sólo por ser el partido decisivo de un Grand Slam.

En caso de alzar el trofeo, Halep se proclamará la nueva número uno del deporte blanco femenil, desbancando a la alemana Angelique Kerber y, por si no bastara, sería el primer major que pueda contar en su palmarés. El triunfo sería total para Simona.

Para poder llegar a la final, Halep no disputó el boleto ante una desconocida que no se jugara nada, ya que Karolina Pliskova iba por el mismo objetivo: ser la número uno del mundo y con acceder al último juego le bastaba. Sin embargo, Halep mostró solvencia en la arcilla y tiene más cerca que nunca ser la nueva reina del circuito.

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La situación es distinta en la rama varonil, pues estarán dos protagonistas asiduos en las instancias finales de los torneos más importantes: Stanislas Wawrinka y Rafael Nadal.

Wawrinka llegó como el tercer favorito del cuadro al inicio del Abierto francés y no ha fallado. Se coló a la cita final después de eliminar al número uno, Andy Murray, tras un juego digno de semifinales de Roland Garros que duró cuatro horas y 34 minutos para el deleite del público.

Sin hacer tanto ruido como acostumbra “Stanimal” fue pasando ronda por ronda, mientras las cámaras se iban con los Murray, Djokovic o Nadal, pero al final el suizo dio un golpe de autoridad para que lo voltearan a ver y lo consiguió. Será en la final de un major, donde ha hecho de la perfección su mejor aliada.

Stan no tiene dobles dígitos en títulos de Grand Slams como el propio Rafa o Nole, pero cuando ha estado en ellas no ha fallado. En total han sido tres, una contra el español (Australian Open 2014) y dos frente al serbio (RG 2015, US Open 2016), por lo que con esa estadística a su favor saldrá a jugar para seguir siendo infalible en las finales más importantes.

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Del otro lado de la red estará nada más y nada menos que el “Rey de la arcilla”. Nadal era el favorito para ganar Roland Garros pese a no ser el número uno. Sus resultados en la temporada de tierra batida del 2017 lo respaldaban completamente y, como se esperaba, está en el juego final.

Lo de Rafael en la arcilla continúa siendo inexplicable. Vuela cuando juega sobre ella y los 29 juegos cedidos en todo el torneo (no más de cuatro por set) son la prueba más fehaciente. Sin duda alguna esa es su “casa”.

Dominic Thiem (que había eliminado Djokovic) parecía que podía plantearle juego al balear, pero Rafael lo arrolló completamente. 6-3 6-4 y 6-0 fueron los parciales. Ese último set fue la forma de demostrar quien manda realmente sobre el polvo de ladrillo y así sumar su final número 10 en Roland Garros, con la posibilidad de tener la misma cantidad de triunfos. Una completa barbaridad.

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Las cartas están sobre la mesa. Roland Garros. Finales. Ostapenko vs Halep. Wawrinka vs Nadal. ¿Quiénes serán los nuevos reyes del tenis francés?

 

 

Juan Martín del Potro y el ejemplo de nunca rendirse

En el mundo de los deportes siempre existirán los campeones sin corona. Esos que a falta de títulos siempre tendrán el reconocimiento de la gente, pase lo que pase. Jugadores que se ganan el corazón del público y que la historia los honrará por motivos más allá de los campeonatos. Juan Martín del Potro sabe de lo que hablamos.

En 2010 la Torre de Tandil vivía uno de sus momentos más dulces desde que su carrera dio inicio. Era cuarto en el ranking de la ATP y su ruta de ascenso parecía inevitable, hasta que aparecieron las lesiones. Esos problemas en las muñecas que años después lo hicieron considerar el retiro.

Pese a iniciar el 2011 en el puesto 258, Juan Martín dio muestras de que su actitud no se rompería a la primera e hizo temporadas realmente plausibles tras regresar de su lesión en la mano derecha, donde llegó a conquistar la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y en 2014 se dio el tiempo de recuperar ese cuarto puesto que había dejado pendiente cuatro años antes.

De nueva cuenta en el Top 5 mundial, Delpo aspiraba a seguir subiendo en la clasificación, pero ese mismo 2014 (febrero) volvería a padecer una lesión, ahora en la muñeca izquierda, que lo pondría fuera de las canchas, con un derrumbe hasta el puesto 158 (no jugó el resto de la temporada) y con un golpe de realidad bastante duro. Y aún faltaba lo peor.

18 meses tuvo que padecer la Torre de Tandil con la impotencia de no poder jugar al tenis. Dos cirugías en esa mano (tres en total) fueron las causantes de una ausencia prolongada y que pusieron a prueba el espíritu del argentino. “Me frustraba estar en casa y no veía tenis por televisión porque era algo triste para mí. Yo estuve cerca de dejar el tenis”, confesó Juan Martín.

Pero así como lo hizo en 2010, el nacido en Tandil volvió a resurgir en 2016, poco le importó estar en puesto 1024 y tener que hacer lo impensable meses antes para volver a ser protagonista del deporte blanco.

“Si algo no puedo dejar de hacer es luchar por lo que más quiero, que es jugar al tenis”, dijo el tenista meses antes de regresar a las canchas y siguió al pie de la letra sus propias palabras, al punto de conquistar su segunda presea olímpica, una plata en Río 2016, cuando nadie lo imaginaba. Ni siquiera él mismo.

Ser de los mejores del mundo, lesiones en ambas muñecas, dolor, impotencia, duda, una medalla olímpica, una Copa Davis y la satisfacción de volver a jugar tras más de un año de ausencia ha sido todo lo que Juan Martín del Potro ha padecido en la última década.

Hoy en día, con su lugar 30 en el ranking, Delpo ha demostrado que su legado va más allá de los títulos y de los trofeos que tenga en sus vitrinas. Su importancia en el tenis (y como lección de vida) queda en nunca bajar los brazos, en ser un ejemplo de aquellos a los que les llaman campeón de la gente.

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